
Brillan más mis ojos con las lágrimas del dolor.
Lágrimas de oro que pagarán la siguiente mentira,
llanto que ruge en silencio en el fondo del corazón.
Soplan vientos de cambio, y yo no quiero oirlos.
Fallan mis piernas tratando de estar en pie,
me quiebro y caigo de rodillas ante el nuevo emperador.
Dos veces me caí, dos veces me levantaré.
¿Quien puede curar las heridas?
De seguro al levantarme,
notara mi mano temblando de terror.
Buscaremos la fuerza,
porque sin esa fuerza,
sin esa fuerza que no quiere volver,
volveremos a volar con el viento,
o tal vez nos iremos con la lluvia que no deja de caer,
donde las lagrimas de oro rugen en silencio.
Ácido Nocturno
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